sábado, 28 de abril de 2012

Viña colomense articulo de Santakomola

La viña Colomense

Publicado el 12 abril 2012 en www.santakomola.com





¨Tot eren vinyes, no sabria si riure o plorar, pero me´n faig creus quan penso en la meva infantesa i recordo el poble, les vinyes arribaven fins a l’escorxador, quasi tot el parc d’Europa, fins al final del carrer de Sant Jeroni, fins a las mateixes parets del cementiri vell, Des de Camil Rosell passant per la Ciutadella alta i baixa fins prop del torrent d’en Bufa, fins tocar la rambla Sant Sebastià. Deu ser que soc molt més vell del que em penso, o potser es que m’ha passat el temps volant¨.
Con estas bellas palabras mi gran amigo Josep Blanchart y Pedragosa narra en su libro ¨La trasformación de un pueblo en ciudad¨ sus recuerdos de infancia sobre Santa Coloma de Gramenet y nos cita de forma gráfica que toda nuestra ciudad era un precioso paraje repleto de la más maravillosa planta que existe en la naturaleza: la viña, que con su fruto nos da el milagro casi místico de la trasformación del mosto en vino.
Hasta no hace muchos años el aroma de viña y vino inundaba las calles de nuestra ciudad, las largas jornadas de vendimia, con el trajín de los carros y las portadoras, y la frenética entrada de la uva en las bodegas eran la tónica de la época de vendimia, ese olor y sabor de un tiempo pasado que fue la rutina de nuestros abuelos. Sí, no me toméis por loco, hasta no hace muchos años, quizá finales de la década de los 70, aun se hacía vino en Can Butiña y Can Sam. Y todavía se podía pasar por algún recoveco de nuestro pueblo y encontrar alguna viña. Santa Coloma era conocida en ese tiempo por sus vinos.
Lo cierto es que la viña en nuestro pueblo, ha sido quizás, de las más antiguas de Cataluña y posiblemente fuesen los íberos los primeros colomenses que la plantaron y disfrutaron de sus frutos y vinos. Aunque sin duda alguna los impulsores de la viña colomense y los que la fomentaron con fuerza fueron los romanos y desde ellos hasta prácticamente 1950, ha sido la principal fuente de ingresos de Santa Coloma.
Hoy, rodeados de bloques de pisos, coches y asfaltos se nos hace muy difícil hacernos una idea de una Santa Coloma rural, pagesa y dependiente del suelo y de sus frutos, pero esa fue la realidad, pues nuestro pueblo fue de carácter agrícola y las viñas marcaron durante siglos el ritmo de vida de ellos.
Todavía hoy quedan claras evidencias de este lindo pasado cercano aun a nosotros, terrenos en los cuales aun puedes encontrar restos de viña, terrazas de cultivo de la viña que posiblemente tienen más de 300 años, y por supuesto personas vinculadas a esa viña, que en su memoria recuerdan la importancia que ella tuvo en su juventud.
Un paseo por las inmediaciones de Sant Jeroni de la Mutra, de Can Butinya, La vinya d’en Sabate, o recorriendo el camino de los minerales desde la fuente de la encina, podemos encontrar los restos asilvestrados de las muchas viñas que poblaron nuestro pueblo. Rincones con mucho encanto y gran belleza paisajística, parajes que ya por si solos son dignos de pasear por ellos y descubrir otra visión de Santa Coloma, pues muchos de nosotros desconocemos esa Santa Coloma más natural y linda. Bellos miradores donde contemplar toda Barcelona y sus rodalias y caminos suaves donde dar unas largas caminatas, disfrutando de la naturaleza.
También debería destacar el gran patrimonio arquitectónico, vinculado a la viña y el vino que la ciudad tiene, múltiples casas y masías del entorno del pueblo guardan el testimonio de la elaboración del vino y en muchas de ellas todavía están de manera intacta la bodega y sus equipamientos de elaboración de la época. Botas, toneles, cups, portadoras y hasta prensas de vigas de madera, sin herrajes metálicos anteriores al siglo X, se pueden encontrar en las masías colomenses. Legados históricos vivos dignos de los mejores museos del vino. Torre Pallaresa, Can Butinya o Can Sam son algunos de los ejemplos de este patrimonio rural y vitivinícola.
Unos suelos de privilegio, junto a un pequeño microclima dieron lugar a que Santa Coloma fuese antaño un lugar de culto para el vino, bien lo relataba así en su libro de memorias Jaume Galobardes, destacado vecino de Santa Coloma que ya sobre 1750 nos relata con mucha claridad la importancia que tuvo la viña y el vino.
Santa Coloma de Gramenet tiene un conjunto de características edomorfológicas muy interesantes que podríamos distinguir en tres grandes grupos o categorías: por un lado tenemos suelos muy antiguos de pizarras negras y cuarcitas, pobres en materia orgánica y muy profundos. Características muy aptas para poder elaborar vinos de gran concentración y de ricas características minerales al paladar, zona privilegiada ubicada en la falda de la serralada de marina protegida de los vientos fríos del norte y atemperada en verano, por la brisa marina llamada el ¨Foranell¨ zona muy abrupta que para el cultivo de la viña se tuvieron de hacer una serie de terrazas elaboradas con las mismas piezas de pizarra rotas toda una labor sobrehumana que galobardes y los colomenses de la época tuvieron de sufrir en sus carnes. Hoy todavía perduran partes de estas ¨rasas¨ como en Santa Coloma se les llamaban, este tipo de suelo obliga a la viña a trabajar muy duro, creándole un estrés hídrico muy importante, la viña debe de crear largas raíces en busca de nutrientes y agua, y destinando gran parte de su acción vital al fruto además estas losetas de pizarra conservan gran parte del calor del sol, y reflectan muy bien sus rayos ayudando así a la maduración de la uva. Así también disponemos de una amplia zona de suelos procedentes de erosión estos de características muy similares a nuestros vecinos de Alella. Este suelo está compuesto prioritariamente, por lo que aquí se les denomina ¨Saulo¨, una serie de areniscas blanquinosas muy sueltas y fáciles de trabajar que proceden de la erosión del granito, debido a las lluvias típicas del Maresme y su ligera orografía, estas son muy permeables lo que evitan en gran manera el encharcamiento en la época de lluvias a nivel externo o superficial, pero con gran capacidad de retención de un alto índice de humedad, dando lugar así a una serie de ricas reservas de agua en capas medias, muy necesarias para salvar la viña el rigor del verano. Y ya por ultimo dentro de la tipología de los suelos del pueblo estaría aquel ya más cercano al rio en la planicie de la ciudad, un suelo de carácter más acido y rojizo, típico de la influencia húmeda del rio, rico en materia orgánica muy apto para la vega, y desde luego menos atractivo para la viña, pero que hay que destacar en honor a la verdad que esta estuvo aquí presente durante siglo, siendo esta zona la que quizás fue la más productiva, aunque no tuvo que destacar por su calidad. Pero que en una economía de subsistencia esta aporto los litros de vino muy necesarios para mantener la economía local y familiar, es con la mezcla de la uva procedente de la viña más de montaña, pizarra y saulo la que le aportó el grado y el color.
Las variedades de uva que aquí se llegaron a plantar y que se han conservado de forma asilvestrada en el entorno rural, las cuales han podido ser identificadas por un trabajo de genética, son La Picapoll, Pansa blanca, Pansa Rosada y algún tipo de moscatel, (en variedades blancas) y en variedades tintas: samso, sumoll y garnachas.
También creo que se podía haber plantado en Santa Coloma una variedad autóctona de Barcelona y la Serralada de Marina así como del macizo de Collserola, la llamada Fumat, aunque de esta no se han encontrado indicios de su presencia. Todas ellas entran dentro de un conjunto de variedades mediterráneas típicas y muy bien adaptadas a la zona de las que, teniendo en cuenta los rudimentarios medios de la época, seguramente la mayoría darían vinos blancos y de muy baja calidad.
Los criterios sobre plantación eran también rudimentarios y se amparaban a la forma del terreno y su orografía. Se sabe que el porte de la viña era siempre en vaso y allí donde la planicie del terreno lo permitía el marco de plantación rondaba las 3000 cepas por hectárea un marco importante, con respecto a los utilizados en la época. Lo cierto es que en una misma parcela y de forma intercalada podías encontrarte con una o varias variedades de uva, puesto que no existía un orden estricto y muchas veces al morir una cepa se replantaba con otra distinta. Un concepto muy diferente a la viticultura actual.
La vinificación se realizaba en las bodegas de las casas más importantes. Debo destacar que en Santa Coloma existieron muchas casas que tenían bodega, pero aun así las más humildes carecían de los medios para elaborar vino y debían de hacerlo en las casas más grandes y fuertes a cambio de una parte de la uva o bien del vino.
Llegada la época de vendimia, la uva era recogida en portadoras de madera y traslada a los carros de caballos o mulos que la llevaban a las bodegas y la introducían en cups, grandes depósitos subterráneos, donde se estrujaba y arrancaba la fermentación. Tras este paso, los mostos se traspasaban a barricas de madera donde fermentaban y se guardaban durante el resto del año, los restos de la vendimia las rapas pellejos y las semillas (las llamadas ¨brisas¨) se vendían a alcoholeras para la destilación y obtención de aguardientes.
Los vinos de esa época eran de escasa calidad, comparados con el criterio actual, pero que no distaban mucho de lo que se podía elaborar en otras comarcas vinícolas de Cataluña.



Vinos por lo general de poca graduación alcohólica, en los que casi siempre se mezclaba las uvas blancas y negras, creando así vinos de poco color más bien claretes, aunque algún que otro pagés vinificaba las variedades por separado obteniendo así vinos blancos o más bien dorados, quizás los más extendidos y presentes, y vino tinto. También se elaboraban en Santa Coloma vinos rancios, obtenidos a partir de oxidación con oxigeno y temperatura dentro de las barricas bien en zonas cálidas de las casas, o también en las golfas, otros vinos a destacar por su curiosa y peculiar forma de hacerlos serian los de sol y serena, creados en garrafas de cristal semienterradas abiertas y expuestas al sol del día y la serena de la noche. Y ya por ultimo los vinos dulces, algún que otro buen moscatel dulce natural como los de Can Butiña, que tenían las cepas en la parte contigua a la casa y mistelas que se elaboraban cociendo vino con azúcar y diversas frutas dando así casi un arrope de vino denso y muy apreciado.
Cuando se querían vender los vinos fuera de Santa Coloma estos corrían el riesgo de estropearse debido a su poco alcohol y mal estado. Por eso, con el fin de evitar su deterioro se encabezaba con las brisas, es decir con alcohol vínico obtenido de los restos de la uva, sus pieles raspones y pepitas destiladas. Fortificados hasta bien los 16 o 17% de volumen de alcohol, estos se vendían por las casas de municipios vecinos y alguna remesa podía acabar en barcos para ultramar.
Si duda alguna los ingresos por la venta de vino, así como los impuestos llamados “de consum” generaban la poca riqueza de la Vila, tanto a sus pobres moradores como a las mal logradas arcas del consistorio.
El principio del fin de la viña colomense llegó, como a muchas otras zonas vitícolas de Cataluña y de toda Europa, de la mano de la Philoxera, una plaga que en muy pocos años devastó toda la viña y que su sombra trajo hambruna y decadencia al pueblo. La lucha por la supervivencia y la necesidad de buscar ingresos alternativos llevó a los habitantes del pueblo a introducir el cultivo de la fresa, que fue, sin duda, la mejor alternativa a la viña. Cuando pasó el gran desastre de la Philoxera, la replantación de viñas tan solo se realizó en aquellas parcelas más interesantes para el cultivo y fue seguida por menos pageses que antes de la plaga. Atrás quizás quedaron las extensas superficies plantadas de viñas y se centró más el cultivo en las laderas pizarrosas de la viña D´Cuadras, La Cuscullada, el actual barrio de Singuerlin.
Hoy, todo ese esplendor de vinos y viñas ha desaparecido, ya no solo del territorio colomense, sino también de la gran mayoría de sus moradores, que desconocen ese lindo pasado de nuestro pueblo. La viña queda en el recuerdo de unos cuantos personajes, ya muy mayores, aun vinculados al vino, que en la retina de sus ojos, ven con nostalgia las viñas arraigadas al suelo de Santa Coloma, cuando miran a su pueblo. Personajes que cavaron, podaron y vendimiaron las cepas de nuestra tierra con el fin de dar vida al vino colomense. Todos ellos testimonio presentes de la santa Coloma mas rural y agrícola, Rosa Blanchart, Josep Blanchart, Dalmau, ….. son los últimos testigos de un pasado de viñas.
Quizás a lo mejor es que soy un gran nostálgico, o un loco idealista, pero considero que la memoria histórica de los pueblos y de las ciudades no puede desaparecer, se debe de unir pasado, presente y futuro con el fin de mantener vivo el legado de nuestros abuelos. Un legado que aunque pudiese parecer inexistente en Santa Coloma está muy presente y hacerlo notorio es cosa de todos. Hagamos que nuestros pequeños sepan cómo era nuestro pueblo y de que vivían los colomenses hace unos cuantos años.
Y con esto quiero decir que considero que sería importante recuperar una pequeñita parte de ese pasado vitícola de la ciudad, recuperando parte del entorno natural que aun tiene Santa Coloma y plantando una pequeña viña para el estudio y memoria de todos y así, poco a poco, crear un recuerdo de la pagesia local. Como dijo el poeta “vinyes verdes vora el mar” quizás en un futuro próximo Santa Coloma pueda oler otra vez a vino y viñas.



Paco Cordero

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