martes, 11 de junio de 2019

Santa María


Santa María
¡y estaba tan cerca de casa!






¡Y la llevé buscando toda la vida!, y de sopetón, como aquel sin querer la encontré, y allí estaba, tan cerca, en nuestra denominación de origen de referencia, de proximidad, de casa, dentro de la denominación de origen Alella.




 Llevo tantos años visitando bodegas y viñedos, de todo el mundo, Chile, California, Italia, Francia, Alemania, además de recorrer toda España, desde Galicia hasta el rincón más oculto de nuestra Cataluña y resulta que el edén de los viñedos, el paraíso terrenal de los viñedos esta tan solo a unos escasos kilómetros de casa.

A todos los bodegueros se les hincha la boca de tener viña vieja, y es cierto que la tienen y que está ahí, pero después de ver esta, la madre de todas las viñas, se puede decir que no hay ninguna otra que se le pueda comparar.
Nadie sabe cuándo se plantó, desde cuando está allí, contemplando las estrellas noche tras noche, pero, podría datar posiblemente, de los albores de 1900, ¡viña centenaria!, autentica y que con tan solo verla te das cuenta de su edad, una viña noble y de casta. En la que se ve reflejada la vejez, marcada por el tiempo y la edad.


Sobria y digna, resiste los envites duros del tiempo, y lucha todos los días por sobrevivir, que desafía al tiempo, al momento, que ve pasar la historia de largo, a través de sus sinuosos troncos retorcidos que deja atrás las vidas indemnes de aquellos que la plantaron y cuidaron, durante un periodo breve del curso de la historia, que con ellos llegaron a marcar las horas del reloj juntos, despidiéndose al final de la vida. La que perdurara seguro a todos los que de una u otra manera la hemos conocido.
Luchadora ignata, incansable, que resiste a la vida y a la muerte, escritora de la historia, y de los acontecimientos de las épocas, plasmadora del paisaje cambiante del tiempo y del momento.


Ayer posiblemente convivió ignota con otras viñas que ya desaparecieron, allí en donde hoy hay pequeños bosques y grandes urbanizaciones de fin de semana, pero ella erguida resistió con nobleza a la trasformación de su entorno.
En parte, gracias también a que sus cuidadores en el tiempo posiblemente no fueron profesionales que primaron la producción, posiblemente fueron viticultores de subsistencia, de autoconsumo, y eso la salvo de su tala y sustitución por otras más jóvenes y vigorosas, joya oculta, agazapada, se erige escondida de las miradas, pero a tiro de piedra de todos.


Allí esta esa viña, joya como ya he dicho, la de la “Figuera”, como la llaman algunos, o la del “avi” como otros locales le llaman. Un resto agrupado de viña, de Pansa blanca, seguramente de algún clon autóctono de carácter ancestral, que perenne al tiempo a resistente a las modas.

Ella, la joya, se encuentra en un paraje precioso, disimulado y levemente perdido,  perteneciente al límite geográfico entre Santa Maria Martorelles y Martorelles, viña centenaria, que hoy es cuidada por los técnicos de la bodega Reventos de Alella, de donde obtienen parte de la uva mágica, mística, que dedican a su vino Martorelles, un gran vino blanco, sobrio muy potente, con mucha elegancia, que es fiel reflejo de su viña y de su paraje, de su pago, de su Cru, En el que Ramon Reventos, ha querido y ha sabido plasmar en él, la grandeza y vejez de su viñedo.




Martorelles, es un vino precioso de color dorado, oro viejo, de ribete cobrizo, con gran transparencia y buen brillo, glicérico denso en copa. Su nariz es fragante como pocos y con un abanico de aromas asombrosas, donde destaca los ricos matices de fruta madura almibarada, compotas, casi licoroso. Complejos y delicados recuerdos de la manzanilla silvestre, elegantes terciarios oxidativos que llenan de elegancia la copa, boca amplia de buena entrada y recorrido, paso fresco con buena acidez que compensa su prolongada crianza reductiva, en definitiva, un vino sublime, complejo de cuerpo y alma, fantástico para los que buscamos experiencias diferentes de calidad extrema, que nos hagan saltar las lágrimas de emoción.


Lo dicho, no hay que buscar tan lejos, en casa y de proximidad, de Km 0, encontramos lo sublime, una viña centenaria única singular que produce un vino de máxima expresión de autor sin duda.



Salut i Reventos de Alella, salut i D.O. Alella.





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